Faja marginal del río Mayo se transforma en epicentro de estudio
Diario Amanecer
E investigación académica
Alto Mayo. Esta zona ribereña representa un ecosistema dinámico que enfrenta problemas serios: invasiones ilegales, deterioro, requerimientos de administración, pero igualmente, cuenta con respuestas efectivas como reforestación, ordenación del territorio y cohesión comunitaria.
Desde hace seis años, la faja marginal del río Mayo en el puerto Juan Antonio (Moyobamba, región San Martín) se transforma en un entorno natural, es decir, un salón de clases al aire libre para los jóvenes que se están formando en universidades. La principal materia de estudio aquí es la rica biodiversidad que posee. La ciencia puede avanzar a través de un análisis exhaustivo en diversas disciplinas: ecología, salud, silvicultura, biología, turismo, ingeniería civil, arquitectura, derecho, entre otras relacionadas. Este sitio ribereño se convierte en un espacio para aplicar conocimientos y llevar adelante proyectos que contribuirían a valorizar nuestro medio ambiente dentro de esa perspectiva de un universo en armonía.
En este breve período, comenzamos a experimentar la diferencia que trae involucrarse activamente o ser testigo directo del cambio: observar el crecimiento de las plantas, redescubrir especies que se creían extintas, notar la mejora en el tratamiento de aguas residuales y en la pureza del aire que respiras en este hermoso entorno. Es inspirador volver a conectar con la naturaleza y sentir la revitalización del ecosistema. Ser parte de este proceso a través de voluntariado, restauración comunitaria y la implicación de los residentes locales es fundamental para el éxito y la permanencia de este espacio natural.
Este hábitat natural que abarca el área marginal del río Mayo, actualmente observamos el crecimiento de plantas de las siguientes especies: capirona, renaco, ojé, yacushimbillo, bolaina, cedro, caoba, tornillo, palillo, tangarana, sangre de grado, choloque, huairuro, quillo-sisa, guayacán, jagua, mango, pomarrosa, eucalipto, mullaca, pan del árbol, entre otras que formarán parte del registro de investigación que llevarán a cabo los estudiantes universitarios.
Los alumnos de la Facultad de Ecología en la Universidad Nacional de San Martín, que se encuentra en Moyobamba, han comenzado recientemente un proyecto práctico de intervención ambiental en un terreno de una hectárea, donde cada uno es responsable de realizar un seguimiento exhaustivo de una planta desde su siembra hasta su completo crecimiento. Esta labor les demanda participar de manera activa y consciente en cada etapa del ciclo vital de la planta, lo que no solo mejora sus habilidades técnicas, sino que también fomenta una comprensión profunda del ambiente y del método científico.
En esta actividad, los alumnos llevan a cabo un estudio minucioso del terreno, examinando características tanto físicas como químicas, tales como la composición, el pH, la capacidad de retener agua y la cantidad de materia orgánica. También identifican de qué manera estas propiedades impactan el crecimiento de la planta que les ha sido asignada y establecen un plan para mejorar su desarrollo. Un componente crucial del procedimiento es escoger y aplicar los nutrientes, ya sean de origen orgánico o artificial, según las necesidades específicas que cada etapa del ciclo vital de la planta requiere: desde la germinación hasta la madurez, incluyendo la floración y la producción de frutos.
Además del estudio del suelo y la nutrición de las plantas, los alumnos deben tener en cuenta otros factores esenciales como la humedad ambiental, la cantidad de luz solar, la temperatura, y los elementos bióticos y abióticos que pueden existir, tales como microorganismos, plagas o competencia de flora circundante. Esto significa que cada alumno no solo deberá emplear métodos de monitoreo, sino que también tendrá que anotar información, hacer comparaciones de resultados y modificar su enfoque según la respuesta que muestren las plantas. Este tipo de intervención ecológica fomenta el desarrollo de habilidades clave, tales como la observación sistemática al registrar cambios diarios o semanales en el crecimiento de las plantas; el análisis crítico al evaluar cómo ciertos factores ambientales y del suelo impactan el desarrollo; la toma de decisiones fundamentadas al establecer prácticas de manejo que beneficien la salud de las plantas; y el compromiso, que cada estudiante es responsable del éxito o del aprendizaje que pueda resultar de su propia sección. Por lo tanto, esta acción no es solo una tarea académica, sino que constituye una auténtica experiencia de aprendizaje participativo, que refleja el compromiso de la Facultad de Ecología con la formación de profesionales que sean conscientes del medio ambiente y capaces de comprender y administrar la naturaleza con rigor científico y un sentido de responsabilidad social.

