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Aguas de mesa presentan significativas diferencias

Aguas de mesa presentan significativas diferencias

Existen variaciones de hasta 47 veces en su conductividad eléctrica, relacionado con la cantidad de minerales disueltos

Moyobamba. Aunque a simple vista todas las aguas de mesa parecen iguales, transparentes, sin color y aparentemente limpias, un estudio académico desarrollado en la Universidad Nacional de San Martín (UNSM) evidenció que existen importantes diferencias en su composición interna.

La investigación fue realizada durante las prácticas del curso Análisis y Calidad de Agua de la Escuela Profesional de Ingeniería Sanitaria, bajo la conducción del Ing. M.Sc. César Augusto Álvarez Guzmán, donde se evaluaron cinco muestras de aguas de mesa comercializadas en Moyobamba.

Los especialistas analizaron parámetros como color, turbidez, pH y conductividad eléctrica, este último como un indicador que permite estimar la cantidad de sales y minerales disueltos en el agua.

Uno de los resultados más llamativos fue la diferencia registrada en la conductividad eléctrica. La muestra con mayor valor alcanzó 253 microsiemens por centímetro (µS/cm), mientras que la de menor registro obtuvo apenas 5.36 µS/cm.

Esto significa que la primera muestra presentó una conductividad cercana a 47 veces superior respecto a la segunda, lo que indica una mayor presencia de iones y minerales disueltos.

Sin embargo, los investigadores precisaron que una mayor conductividad no significa necesariamente que un agua sea mejor o peor, sino que refleja una diferencia en su nivel de mineralización.

El estudio señala que un agua con muy pocos minerales no es automáticamente perjudicial para la salud. La normativa peruana establece límites máximos para determinados parámetros, pero no exige una conductividad mínima.

No obstante, un agua con mineralización muy baja aporta cantidades reducidas de elementos como calcio y magnesio, minerales que también pueden obtenerse principalmente a través de una alimentación equilibrada.

Los investigadores consideran importante que las empresas informen con mayor claridad sobre los procesos utilizados para tratar el agua, especialmente cuando se aplican tecnologías como la ósmosis inversa, que pueden retirar gran parte de las sales minerales. En esos casos, recomiendan transparentar si existe un proceso posterior de remineralización.

Otro aspecto observado durante la experiencia fue la variación del pH en algunas muestras analizadas luego de permanecer almacenadas.

En dos casos se registraron cambios importantes: una muestra pasó de un pH de 5.73 a 7.12, mientras que otra cambió de 5.06 a 7.80.

Los especialistas explicaron que estas variaciones no implican necesariamente una modificación en el proceso de producción de la empresa, ya que pueden estar relacionadas con factores como el contacto con el aire, el tiempo de almacenamiento, la temperatura ambiental o la manipulación del envase.

La recomendación al consumidor es mantener buenas prácticas de conservación y evitar dejar los bidones abiertos o expuestos a condiciones inadecuadas.

Aunque las cinco muestras presentaron buena apariencia física, con ausencia de color y baja turbidez, los investigadores recordaron que la calidad del agua no puede determinarse únicamente por su aspecto.

Para una evaluación integral también son necesarios análisis microbiológicos, como la detección de coliformes y Escherichia coli, además de pruebas químicas para identificar posibles metales u otros compuestos. (Fuente: César Augusto Álvarez Guzmán)